La revolución es un cambio, una transformación de prácticas impuestas, previamente establecidas por sistemas influyentes en los esquemas de vida de los individuos, ya sea social, política, cultural ó económicamente. Se dió desde que el individuo se percató de la inherente necesidad de su condición como ser social y político, para crear una forma de organización soberana, denominada Estado. Al mismo, se le asignaron autoridades que condujeran, controlaran y administraran el poder, aquellas se conocen como gobierno. Pero ¿A qué quiero llegar?, a ratificar el libre albedrío del que todo individuo debe ser partícipe. Las condiciones en las que nacemos y nos desarrollamos culturalmente nos exhortan al sometimiento de los sistemas controlados por grandes potencias.
Así, a través de la historia, cuanta transgresión ha sido vislumbrada por el pueblo, se ha repelido, generando una reacción, que en la mayoría de los casos puede calificarse como beligerante, violenta e inopinada, y sólo se lleva a cabo mediante una coalición de praxis semejantes. Y, al fin y al cabo, ésa es la idea, que sea tajante y definitiva, y, de tal impacto y trascendencia, capaz de modificar estructuras establecidas.
La revolución, es también un mecanismo que el pueblo adoptó para defender "La libre expresión", basada en argumentos genuinos, un mecanismo para preservar sus derechos. Sin embargo, no debemos ignorar que también, en la historia, se ha dado paso a revoluciones basadas en intereses de trusts, monopolios, consorcios, esas cuyos argumentos se cimentaban en globalizar ámbitos económicos, porque en la actualidad, por ejemplo, potencias como Los Estados Unidos, han globalizado el mercado de los países subdesarrollados y para "colmo de mal", se han proliferado hasta acaparar ámbitos de carácter cultural, social y político.
Sin embargo, la idea de alcanzar una sociedad justa y pluralista, considerando todos los aspectos que influyen en el desarrollo de los individuos, donde vivamos en la utopía de la supresión de la tiranía, la dictadura y el sometimiento, no es tan remota, pues el sólo hecho de defender el motor de nuestro comportamiento, es una idea revolucionaria, en una sociedad llena de prejuicios y yugos sociales que nos han dejado como legado los gobiernos trashumantes y paupérrimos por los que optaron las masas "zombie".
Finalmente, tal vés la revolución sea un ciclo que se repetirá muchas veces, ¿quién ó qué podría afirmarlo o desmentirlo?, si el pensamiento humano es infinito y complejo, se renovará en ideas conforme a la influencia que ejerce sobre él el medio en el cual se desarrolle, y como es común en todos los individuos, buscar el bien propio, luego el colectivo y hacer más amena su existencia, y es posible, aparecer en la historia como alguien que hizo algo por su prole y por su sociedad.
Diana Rico Triana

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